Hay noches en las que el Heavy Metal reivindica su condición de género inmortal, y la cita del pasado jueves 8 de octubre en Madrid apuntó directamente en esa dirección. PRIMAL FEAR aterrizaban en la Sala Lab Wagon dentro de su Domination Tour 2026, una gira de cinco fechas por nuestro país organizada por la promotora Get Rock, dispuestos a desplegar toda la contundencia y el músculo metálico que han convertido a los alemanes en uno de los nombres de referencia del Heavy Metal y el Power Metal europeo.
Una velada que, además, contaba con un aliciente especial: la presencia de ANKHARA, invitados de lujo en estas fechas españolas de la banda liderada por Ralf Scheepers, que coincidían con la celebración del 30º aniversario de la formación española. Aunque el arranque de la jornada estuvo marcado por una afluencia de público todavía discreta, la sala fue ganando ambiente hasta presentar una notable entrada final.

ANKHARA:
ANKHARA eran los encargados de abrir la noche, inmersos en la celebración de su 30º aniversario, tal y como anunciaba la pantalla de fondo del escenario. Sin embargo, desde los primeros compases de «Un Paso Más» quedó patente que las condiciones de luz y sonido no iban a poner las cosas fáciles a la formación madrileña, una circunstancia que condicionaría el desarrollo de su actuación. Pese a ello, Pacho Brea volvió a exhibir su solvencia vocal en «Sueña», haciendo gala de unos agudos que siguen siendo una de las señas de identidad de la banda, bien respaldado por la base rítmica de Dani Criado al bajo y Óscar Bravo a la batería. Tras agradecer al público la oportunidad de compartir cartel con una de sus bandas favoritas, PRIMAL FEAR, la banda presentó «3:40», tema en el que Alberto Marín y Cecilio Sánchez tomaron las riendas con sus melodías de guitarra dobladas. Ambos volverían a brillar en «Sigo En Pie», con unos coros que enriquecieron el resultado final.

ANKHARA encontrarían en algunos de sus clásicos el mejor aliado para conectar con una concurrencia todavía escasa. «Jamás», con su estribillo especialmente coreable, y «No Mires Atrás», recibida también con entusiasmo, contribuyeron a elevar la temperatura de su actuación. «Hasta El Fin» mantuvo el pulso en la recta final, confirmando que el repertorio de los madrileños conserva argumentos de sobra para defenderse sobre el escenario. El cierre llegó con «Acordes Mágicos», tema emblemático de la banda y un guiño a los comienzos de una trayectoria de tres décadas que dejó patente, una vez más, la vigencia de un nombre imprescindible para entender el Heavy Metal nacional.

PRIMAL FEAR:
La visión de los elementos que habían permanecido ocultos en el escenario, ya nos anticipaba una puesta en escena trabajada y vistosa, con los ojos del águila metálica dominando la pantalla gigante del fondo, flanqueada por dos lonas laterales y un faldón que vestía la parte frontal de la batería. Un montaje de evidente vocación visual que, pese a contar con un juego de luces bastante básico, resultó efectivo a la hora de arropar la descarga de los alemanes. También el sonido experimentó una transformación radical respecto a la actuación precedente, ofreciendo una mezcla limpia y definida, aunque sin alcanzar una potencia especialmente contundente.

Con «We Walk Without Fear» sonando parcialmente como introducción, los músicos fueron ocupando sus posiciones antes de que Ralf Scheepers tomara el protagonismo con «Destroyer». A sus 61 años, el vocalista y fundador de PRIMAL FEAR volvió a demostrar que mantiene intactas buena parte de sus facultades, afrontando con solvencia las exigencias de un repertorio que encuentra en sus agudos una de sus principales señas de identidad. La banda apostó de inicio por dos composiciones de su último trabajo, «Domination» (2025), enlazando la mencionada «Destroyer» con «I Am The Primal Fear», una declaración de intenciones que reivindicaba la vigencia de una formación que sigue mirando al presente sin renunciar a las credenciales que la han convertido en uno de los nombres destacados del Heavy Metal europeo.

La descarga ganó enteros con «Final Embrace», donde las guitarras afiladas de Magnus Karlsson y Thalía Bellazecca, junto a la batería punzante de André Hilgers, encontraron en la voz de Scheepers el complemento perfecto. Sin apenas conceder tregua, «Nuclear Fire» puso sobre la mesa uno de esos himnos imprescindibles en los conciertos de la banda, recibido como una de las primeras grandes ocasiones para conectar con su legado más reconocible. Por su parte, «Rollercoaster» elevó la temperatura con su coreable estribillo, mientras los solos doblados de ambos guitarristas hacían las delicias de los aficionados a las seis cuerdas.

El repertorio encontró un necesario contrapunto en «Seven Seals», una pausa de carácter melódico que permitió rebajar momentáneamente la intensidad antes de retomar la senda más poderosa con «King Of Madness». Previamente, Scheepers se dirigió al público en un castellano más que aceptable y lanzó un reto a los asistentes, invitándonos a igualar sus agudos sostenidos. Un recurso efectivo para caldear el ambiente antes de que los primeros compases del tema pusieran de manifiesto la solidez y pegada de Hilgers tras los parches. La respuesta de la concurrencia fue ganando protagonismo a medida que avanzaba la actuación, como evidenció el pulgar arriba del vocalista durante «The Hunter», en señal de aprobación hacia quienes acompañaban a la banda desde la pista.

La comunión entre escenario y público alcanzó otro de sus puntos destacados con «The End Is Near», antes de que «Fighting The Darkness» introdujera uno de los momentos más visuales de la noche. El vocalista pidió a los asistentes que iluminaran la sala con sus teléfonos móviles para acompañar los primeros compases de la canción, creando una atmósfera más recogida que pronto quedó rota por la irrupción de las baquetas de Hilgers, devolviendo el protagonismo al Metal Épico y poderoso que constituye una de las señas de identidad de PRIMAL FEAR. La banda regresó después a su material más reciente con «Far Away», sencillo incluido en su más reciente «Domination», antes de encarar el tramo final de su actuación.

La llegada de «Chainbreaker» estuvo precedida por un brindis con cerveza sobre el escenario y la presentación de los músicos, un momento distendido que también sirvió para dedicar un recuerdo especial a Mat Sinner, bajista y fundador de la banda, ausente de la formación por su prolongada convalecencia médica. Un gesto que aportó una nota de cercanía antes de que «Metal Is Forever», anticipada por el grito de una seguidora desde las primeras filas, pusiera el broche perfecto a la primera parte del concierto. El clásico volvió a reivindicar su condición de himno, dejando a la audiencia con ganas de más mientras los músicos abandonaban momentáneamente el escenario.

El regreso no se hizo esperar demasiado y llegó con la furiosa «Angel In Black», que devolvió al quinteto a su vertiente más agresiva. Para cerrar definitivamente la noche, «Running In The Dust» recuperó el espíritu del Heavy Metal tradicional de los primeros tiempos de la formación, una elección que permitió despedir la actuación mirando hacia los orígenes de una trayectoria construida sobre riffs contundentes, velocidad y una voz capaz de elevar la intensidad hasta el último compás.

En definitiva, PRIMAL FEAR ofrecieron una actuación que combinó la reivindicación de sus clásicos con una mirada firme hacia su presente discográfico. La solvencia vocal de Ralf Scheepers, la pegada de la base rítmica y el trabajo de sus dos guitarristas sostuvieron un repertorio que alternó velocidad, melodía y pasajes épicos. Una nueva demostración de que PRIMAL FEAR siguen siendo una referencia del Heavy Metal europeo, fieles a una fórmula que continúa encontrando en la contundencia, la melodía y la poderosa voz de Ralf Scheepers sus principales señas de identidad.
Crónica: Álvaro Arroyo
Fotografías: Miguel Ángel Príncipe
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